Lluvias de verano PARTE I

Si alguien me hubiera dicho todo lo que me pasaría en esos meses… la pienso ah! Jajaja o sea, fue duro y denso atravezarlo pero dejó mucho aprendizaje. Así empezó mi segunda parte en Australia, pucha es que no tienen idea pero bueno, ahí va. Ojo que es sólo el inicio ¡jajaja!

Para empezar que, llegar a Melbourne cansada de casi un mes viajando en Bali, sin desempacar maleta, mudándonos de hotel cada dos o tres días… relajando mucho sí, pero pensando en reservas, tours, fiestas, etc me dejó exhausta.  ¿Qué dura mi vida no? ¡jajaja! Llegué a Melbourne queriendo descansar y tras una semana de “il dolce far niente” empezó lo que sería una especie de cacería,  batalla, no sé que fue. Primero que el clima ya era raro, en pleno verano lluvias con días fríos y digamos que llegada de Bali no venia con mucho abrigo encima pero bueno, solucioné el tema pidiéndole a Javi, mi amiga, que me devolviera toda la ropa de invierno que le había mandado por correo jajaja. En menos de una semana plin! bien abrigadita.

Respecto al trabajo, haría como había hecho antes, imprimir cvs y repartirlos por las zonas más movidas, además de registrarme en agencias de trabajo. Todo bien, Melbourne es una ciudad enorme, linda, hartos eventos y locales, multicultural yo tengo buen ingles, harta actitud y sonrisa, por supuesto que conseguiría chamba al toque. Cuando te hablan de Sidney y Melbourne lo primero que mencionan es que hay mucho trabajo, porque son ciudades grandes, desarrolladas, con muchos negocios e industrias pero! (aquí vienen los detalles que nadie te dice) por lo mismo,  los extranjeros que vienen a Australia con visa de estudiante están en estas dos ciudades principalmente.  O sea, muchos, demasiados. Y de ésto me fui dando cuenta dos semanas después de pagar renta, ($) comida ($) y transporte ($). Como la visa de estudiante te restringe trabajar un máximo de 20hrs a la semana, tristemente toca agarrar “lo que haya”. Digo tristemente porque lo viví y esa fue mi sensación.

A la segunda semana (primera de búsqueda laboral) había encontrado trabajo. Fui a la prueba y aunque no estuvo muy ocupado, el tipo (encargado) me contrató. Me invitó a sentarme a una mesa y con actitud que yo defino como cínica me felicitó diciendo que me daba la oportunidad de trabajar en su restaurante y yo, siguiendo el juego, con sonrisa de oreja a oreja le agradecí. Por supuesto que sentía gratitud, o sea, ya mis movimientos bancarios no iban a ser sólo rojos, tendría movimientos positivos. Pero por supuesto no era mi trabajo soñado, como pienso que él quería hacerme creer.

El primer día de trabajo conocí a una brasileña preciosa que me enseñó el movimiento del restaurante. También estaba una nepalí, una española y una italiana. Todas chicas, todas menores que yo. Conversando y tratando de ser sociable con mis nuevas compañeritas preguntando si les gustaba trabajar ahí, si el jefe era bueno… La respuesta de todas, excepto una, fue a lo Scar en El Rey León “¡Huye! Huye Simba y no vuelvas más.” y yo me quedé tipo “whaaaaaaaaaaaaat?” ¿Dónde me había metido? Que les pagaba menos del mínimo (porque evadía impuestos), que nunca les daba horarios y sólo sabrían si trabajaban al día siguiente al final de su turno, que era muy mala persona y que ni siquiera les daba horas suficientes a la semana. Entonces empecé a cuestionarme TODO. Ya me había ganado con un par de escenas en las que el tipo (por eso el apodo cariñoso) había tratado mal a los otros dos señores que trabajaban de meseros, mayores y muy buenas personas. Pero mal tipo gritándolos en frente de clientes y todo el show. No era sólo el mal trato a sus trabajadores sino la imagen que, claramente, no le importaba dar a sus clientes. Ya eso me decía bastante.

Sabía que tenía que salir de ahí pronto. Sentía la mala vibra, las chicas con caras que gritaban “sáquenme de aquí” pero no eligiendo hacerlo porque necesitaban el dinero. Los mismos clientes notaban la mala energía que se respiraba en el lugar. Los veía irse no satisfechos, daban quejas del cobro adicional cuando pagaban con tarjeta (obvio). Sentía que me drenaba mucha energía y aun así estaba eligiendo estar ahí por miedo a seguir gastando sin generar ingresos. Gracias a mi amiga Javi que me hizo ver la situación desde una perspectiva con la cual yo coincido pero simplemente, por miedo, no la estaba viendo. ¿por qué me estaba poniendo en ese lugar? Un ambiente que claramente sólo me generaba mala vibra, donde ni siquiera tenia ganas de estar, o sea, al segundo día de trabajo, a la media hora ¡ya me quería ir! Entonces, ¿por que estaba poniéndome en un lugar donde no me respetan, donde no me sentía bien? ¿sólo por dinero? Si tenia mis ahorros, no estaba en cero. ¿Valía la “pena”?. Una de las chicas, en cambio, me confesó que no podía irse porque tenia deudas y estaba en cero cero. ¿Qué le estaba diciendo al universo con esa actitud, que eso era lo que merecía? Tres días trabajé. Sólo tendría que pasar a cerrar el tema y que me pague las horas que le trabajé.

Intenté comunicarme sin éxito así que me aparecí en el restaurante un sábado por la tarde. Lo llamé estando afuera e ignoró el celular, entonces entré. Con una actitud muy que no se cómo definir me “sacó” fuera del restaurante a preguntarme qué quería, que para qué había venido. Muy déspota, sin siquiera saludar y yo respetuosa y diplomáticamente le expliqué lo que había pasado los últimos días (porque parece que no se dio cuenta que le escribí, llamé varias veces, que maltrata a sus trabajadores y además está violando leyes) y que había ido para que me pague, por mi dinero, por lo que me correspondía. Primero se quiso hacer al astuto diciéndome que me depositaría en los días siguientes (sin tener mis datos y sin haber acordado montos legales). Luego, me quiso hacer sentir culpable pero yo más convencida que nunca y con una fuerza, seguridad e ímpetu que no se de dónde me salió le dije lo que pensaba. Entró al restaurante, salió y me dio mi dinero. Le agradecí y extendí la mano y el no me correspondió y pues como también soy orgullosa, dejé la mano extendida insistiendo. Entramos a un segundo round de discusión por unos segundos, ambos estábamos metidos en ese rollo de discusión y de pronto me di cuenta, fue muy gracioso, desconecté de la escena y le dije algo así como “Mira, ninguno va a entender el punto de vista del otro. Yo tengo lo que quiero, tú tienes lo que quieres. Gracias.” Me dio una mirada como “ah ok, verdad no?” y nos dimos las manos cerrando trato.

Me fui con kilos de empoderamiento encima. Me había hecho respetar, no me había quedado callada. No solía ser la que pone “los puntos sobre las íes”, solía ser mas pasiva y “entender” al otro y quedarme callada porque “¿para qué meter más leña al fuego?” era la frase de mi papá cuando de chica me “quejaba” o levantaba mi voz para comunicar mi desacuerdo. No se trata de agrandar el problema sino de observar desde afuera (diferente perspectiva) la dinámica que se está dando y yo qué estoy haciendo conmigo en ese momento, analizar qué me llevó a tomar la decisión de estar ahí y observar qué puedo hacer al respecto, tomar acción conscientemente. Me tomó un par de días procesar lo que estaba pasando, lo que me estaba haciendo, en qué lugar me estaba poniendo y decidir lo que quería hacer al respecto. Tampoco se trata de “no darle importancia”.  Para mi no sólo era el trato poco amable, la falta de respeto de no considerarme lo suficiente para darme un horario, era también el hecho de que estaba evadiendo impuestos y yo estaba siendo parte de ello. Eran varias “cositas” algunas más sutiles que otras y bueno, cada quien tiene sus prioridades, valores y creencias. Eso no estaba en lo mio así que adiosito, “dejando espacio para lo nuevo” pensaba.

Y vaya que vinieron cosas nuevas, pero no precisamente como me las imaginaba. Aun así, este fue un gran aprendizaje que me preparó para lo que seguía. Además el descubrimiento de un nuevo programa que había sido instalado en mi cabeza y o ni cuenta me había dado. Por eso siempre había sido tan “tranquilita”, porque no ponía más leña al fuego…

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¡Revolcón!

Para caer un poco a tono con el cierre y las retrospectivas, revisemos tú (mi diario no tan diario yet/blog) y yo.

Enero ’18: minutos antes compré el pasaje que me tiene aquí mismo, en Australia. Despidiéndome de amigos, lugares, familia. Subibaja de emociones. No saber que pasaría los próximos meses, emocionada y con miedo por los cambios que traería la aventura a la que me metía.

Febrero ’18: llegada a esta hermosa tierra. Buscando algo que no sabía qué era. Me voy sin mucho plan a NT donde empiezo un nuevo viaje interior buscando reconectar mis raíces ancestrales sin saber. Muchas emociones, descubrimientos personales y sociales. Pude ver la realidad de Australia que la TV y agencias de viaje no te muestran. Nuevos amigos, ahora hermanos del alma. Patita, Luna, Agustín… Entre otros seres hermosos. Me advirtieron que Darwin tenía algo especial.

Marzo’ 18: más dudas, más miedos, el trabajo no llegaba. ¿Sería que estaba en el lugar equivocado? ¿Tenía que ser paciente o acaso ponerle más enfoque? Buscaba trabajo en algo en lo que jamás había trabajado, renuncié a uno en el que no estaba feliz ni disfrutaba. ‘Hay que hacer espacio y soltar lo viejo para que llegue algo nuevo’, pensaba. Qué fácil suena.

Abril ’18: parece que era enfoque, u otra cosa que no se como definir. Apenas decreté que, si en una semana no me salía un trabajo me mudaba de ciudad, salió. Empezaba un viaje más profundo en sentido geográfico y personal. Trabajando en zona remota, sin señal de teléfono, totalmente desconectada de la civilización. Me fui con miedo.

Mayo ’18: hermosas amistades empezaron a surgir en este nuevo lugar que hoy llamo casa. Volaba cada dos semanas a la ciudad y me sentía tan suertuda de que mis ojitos vieran las tierras verdes, ríos, la costa y los bufalos, vacas y caballos libres corriendo. La angustia de estar ‘encerrada’ y querer volver a la ciudad no fue tan grande como pensé que sería. El celular se me llenaba de mensajes al llegar al aeropuerto, amigos preguntando si estaba viva, noticias familiares. Cuánto pasaba afuera mientras yo aprendía a disfrutar de convivir con la naturaleza y, lo más interesante, conmigo.

Junio ’18: empezaron las despedidas. El Bambino, un amigo muy especial, se fue. Era un reto vivir trabajando, o trabajar viviendo ahí, con las mismas personas siempre, con el clima, con uno mismo. ¿Cuánto tiempo realmente pasamos con nosotros mismos? Solos. Realmente solos, sin ningún tipo de contacto, sin leer un libro, sin que la imaginación cree historias. Tres meses habían sido suficientes para él y parece que era el promedio de los trabajadores temporales. Sólo el cheff y un guía llevaban más de 5 años ahí. No tengo idea cómo es que lo hacen año a año. ¿Cuánto duraría yo? Por otro lado, llegaron los fabulosos 30. Así me dijo Patita que eran y así los considero. Fabulosos. Celebré como nunca, y no por la cantidad de alcohol ingerido o por las horas bailadas, sino porque ¿que tan seguido dos buenos amigos cumplen años el mismo día que tú? Más alucinante aún, conocerlos mientras viajas y celebrar juntos.

Julio ’18: nuevas caras. Conocer nueva gente, con diferentes rutinas y formas, mundos nuevos. Con quienes había que empezar a convivir. Era agotador emocionalmente. Y el pico de la temporada estaba por llegar. Pronto se iría también mi roomie, Karlita una alemana adorable.

Agosto ’18: demasiado. Exploté. Además de lidiar con la convivencia y el estilo de vida allá afuera había ahora que sumarle unas 14hrs de trabajo diarias. Ya no era divertido. Ya no la pasaba bien y mi jefe lo notó y todos lo notaron y se preocuparon. Es que siempre veían a Cristina sonreír, siempre dispuesta, haciendo bromas, cantando. No olvidaré la escena en que una de las guías se acercó a sólo decirme que estaría bien, que me tome un break. Estaba tan metida en mi trabajo y estresada que no veía que necesitaba descansar. Me dieron un día libre y me mandaron de tour a un parque nacional. Hace mucho que no entraba a ese espacio. En el que estás en automático, que mi cuerpo lo siente pero no lo escucho porque mi cabeza puede más.

Setiembre ’18: de todos los que iniciamos en el equipo, solo dos habíamos “sobrevivido”. Los demás todos se fueron y no los culpo, fue realmente retador estar tanto tiempo con ese ritmo. Tantas charlas con este compañero. Charlamos de todo, conectabamos muy bacán. Ya había venido a acompañarme Kari también. Que lindo tener alguien cercano tan lejos. Kari es amiga de la universidad, por cosas de la vida al terminar los cinco años cada una siguió su camino y nos frecuentabamos cada vez menos. La loca (otra más) se vino hasta mi, a trabajar. Te quiero Bob, gracias por venir ya te dije. Que rico era poder hablar y expresarme con alguien de mi misma cultura, país. Me sentí tan frustrada el día que discutí con Made (el cheff) y no pude sacar esas emociones de mi porque todos, en ese momento, hablaban inglés. Yo solo quería carajear un poco y ‘fucking algo…’ no significa lo mismo jajaja.

Octubre ’18: paso a paso. Un paso a la vez. Trataba de despejar la mente (y los gramos de más) saliendo a correr con Kari. A ella le encanta, a digamos que prefiero otro tipo de actividades. Pero siempre me motivaba verla alistarse aunque estuviera cansada y a veces me unía, a veces no. Pero siempre me reía mucho con ella jajaja me encanta. Me hacía correr. Y yo, para no quedar mal con ella, solo pensaba ‘un paso más, un paso mas’ y así llegué a hacer 5km. Para mi es una maratón considerando que no me afana correr jajaja. Mi logro del año. Una vez, pero lo hice! Me sentía Rocky y alzaba los brazos cuando la voz de la aplicación del celular decía ‘1 km recorrido’ jajajajaja!

Noviembre ’18: out. Fuera. Chau. Había tenido suficiente. Gabs y yo habíamos planeado el viaje de fin de temporada a Bali, contábamos los días. Ella en su pueblucho en Cairns y yo en mi bosque en Territorio Norte. Me fui del trabajo antes de lo planeado porque simplemente no podía más. Felicidad extrema de poder, por fin, tomarme vacaciones. Aunque sentía que las tenía cada dos semanas, por una semana completa. En vez de sólo tener libres dos días a la semana. Y también la idea de gastar más de lo planeado en esas semanas libres antes de viajar sin trabajar jajaja. Pero encontramos la forma de ajustar números, Kari y yo, porque ella también se venía con nosotras. En Bali fue un reseteo total. Viajar con amigas por primera vez, querer pasar tiempo juntas pero también solas. Gabs y yo, por primera vez, nos conocíamos de verdad y compartíamos espacios y experiencias. Interesante interacción. Terminamos tomando rutas distintas y juntándonos de nuevo. Confirmé mis intenciones de crecimiento personal y me comprometí también con eso.

Diciembre ’18: Melbourne, de vuelta a Australia. Arrancar de nuevo, siempre el inicio se me hace más complicado. No llegué en la mejor fecha y mi cabeza a full. Sumando el clima que me tira abajo emocionalmente, invierno (en teoría es verano pero esta zona tiene un clima peculiar). Gabs y yo nos separamos. Tenemos mejor relación a distancia que juntas, ambas lo sabemos y qué bueno que nos queremos y respetamos lo suficiente para hablar de ello y hacer algo al respecto. Se fue. Yo de nuevo sola. Y no es hasta ahora que me doy cuenta cuánto me cuesta estar sola. Siempre me lleno de eventos, salidas con amigos, equis cosas. Así que aquí empieza un nuevo viaje interior. En mi nueva habitación, a la que me acabo de mudar hace dos horas siendo 31 de Diciembre. Con nuevos planes, nuevas metas e intenciones y aceptando que no siempre puedo pretender que sea verano en Melbourne, ni en mi vida. Vivimos en un mundo dual donde hay frío y calor, invierno y verano. El detalle es encontrar el equilibrio. Como todo en la vida.

Así que así fue mi año. Movido, con nuevos amigos, con más conocimiento de mi misma, con caminos andados a veces sintiendo cargando a cuestas pero aquí estamos. Yo y mis otros yos. La mujer, la viajera, la hija, la hermana, la amiga, la que huye de estar sola pero ahora toma las riendas de su vida. Me siento feliz y agradecida conmigo, con la vida.

Te deseo de todo corazón un camino hermoso para el año que llega, con rutas no exploradas, porque son las que más cautivan, porque no sabes qué esperar y te dejas sorprender.

Gracias 2018. 2019 aquí estamos yo y todas juntas esperándote con los brazos abiertos 🙂

Medicina espiritual

La sesión la dirigía Punnu, un maestro que el próximo año dará un curso de meditación que me interesa así que fui a ver que onda el profe. Entré a la sala y estaban todos en círculo sentados, ahí supe que sería especial. Empezamos a hacernos presentes y dejar de conversar, calmando las revoluciones entre que nos conocíamos con el compañero del costado, preguntábamos si era su primera vez, de dónde era etc. y Punnu preguntaba quien tenía alguna enfermedad de asma, corazón, etc. Explicó que era un ejercicio de respiración, de inspirar y expirar profundamente al ritmo del 1, 2 que seguiríamos con el audio. Advirtió que podíamos marearnos, incluso desmayar pero que siguiéramos con lo que se hiciera presente. La idea era respirar y enfocarnos en cada uno de los chakras intercalando con el chakra corona. Chakra uno, corona, chakra dos, corona, y así.

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Momentos previos a la meditación

¡A mi me pasó de todo! Vi que me limpiaban, cómo desde mi chakra raíz salía una línea negra que jalaban (seres ascendidos) a través de la corona, me burbujeaban los labios en la zona derecha de mi cara, me burbujeaban las manos. Una sensación similar a cuando hice la Reconexión Solar hace como tres años, otro tipo de meditación. Habíamos iniciado todos tomados de las manos y como a la mitad del ejercicio mi derecha ya se había soltado, elevándose haciendo una pose con los dedos. Luego le siguió la izquierda y yo simplemente ardía. Era energía pura. Me burbujeaban ambas manos, todo vibraba, estaba en otro lado pero ahí mismo también. Sentía y veía una bola de energía entre mis manos, mucha energía. Por momentos dejaba de respirar o lo olvidaba, sentía una ola de calor del lado izquierdo de mi cara mientras sentía cómo gotas de sudor bajaban por mi rostro, cuello, pecho… Sudaba mucho. Era de otro mundo. Sentí presencia angelical, mis guías espirituales también estaban conmigo y mientras todo esto pasaba conmigo veía una luz amarilla muy intensa y brillante que se tornaba verde limón. Era mi aura. Yo estaba segura de eso y aparecieron dos elementos sagrados. Una flor de loto y un ojo, de nuevo un ojo. Y frases. A través de mi está sanando mi linaje, mis ancestros, el mundo, soy un canal. Me sentí bendecida.

Todo eso pasaba y mi cuerpo se balanceaba de adelante hacia atrás y de forma circular. Me habían dicho, en otra clase, que cuando eso pasaba es que estamos llegando al nivel más elevado de consciencia. Yo trataba de seguir en la meditación y no en mi cabeza. Luego pasó Punnu y posó sus manos encima de cada uno, cuando hizo eso vi y sentí cómo me pasó información, no se de qué, sobre qué. Solo sé que hubo algo y ahora hay algo más en otros niveles sutiles míos.

Fue una experiencia alucinante. En Ubud, corazón cultural de Bali, Indonesia conocida por la espiritualidad que la rodea. Ofrendas, templos y centros de yoga y meditación a la orden del día. No pude evitar ir a sesiones de meditación y yoga donde caí en cuenta de un nuevo inicio conmigo, interior.

templo

En el Tampak Siring Temple, Ubud

 

ofrenda

Ofrendas a cada paso que das. Pétalos de flores, arroz, galletas, comida e incienso en hojas de plátano.

Estuve averiguando sobre la posición que mis manos tomaron durante la meditación y encontré una que pudiera parecerse.  Shuni. Leí que el dedo medio está relacionado con el control sobre el corazón, la circulación, ligado con nuestra energía para vivir en armonía. Asociado con Saturno, que representa la paciencia, discernimiento, y la ley del karma, tener coraje y responsabilidad para mantenerse en la tarea.

Ha sido la mejor parte de mi viaje por Indonesia y cómo no, si “Ubud” debe su nombre a la palabra “ubad” que en balinés significa “medicina”. La medicina sana, cura, limpia, abre paso para que la vida se siga dando, que siga floreciendo. Medicina para el alma es lo que encontré en este lugar especial y que llevaré en mi alma y corazón.

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Típica vista fuera del pueblo, casas balinesas, templos y de fondo Monte Agung.

Namaste.

 

 

Por más días así

No se si les ha pasado pero a veces, conversando con amigos empiezo a tener lo que llamo ‘revelaciones’. Y no hablo de las tomas de conciencia, sino de esas inyecciones de energía y felicidad que de pronto se generan por contar o compartir algo con alguien.

Hoy es un día lindo y feliz!!! Porque voy concretando sueños, porque estoy viendo con mis propios ojos lo que la gente hace del otro lado del mundo… Siempre me lo preguntaba cuando estaba en casa, en Lima… ¿Que estará pasando en el otro lado del mundo? En esos lugares recónditos que, felizmente, no está lleno de letreros, paneles gigantes vendiendo cosas que realmente no necesitamos y haciéndonos creer que sí… Donde la gente va a su ritmo, tan propio de cada uno y de grupo. Es tan importante escucharnos, aprender a escucharnos y conocer nuestro ritmo, ese con el que nos sentimos a gusto y avanzando con la vida.

Hoy es uno de esos días en que si me preguntan por qué sonrío respondo:

“Porque si, porque la vida es bella, porque mi vida es bella, porque tengo estos ojitos que me permiten ver más allá de lo evidente jajaja estos paisajes tan hermosos, las sonrisas sinceras, las miradas transparentes… Y agradezco también a mis pies que me llevan por donde quiero, donde mi corazón le dicta, recorriendo y Andando mis pasos, haciendo mi camino… Y reconozco luego mi corazón feliz, libre y valiente!!!”

Y cuando termino con mi speech algunos sonríen y me dicen cariñosamente que estoy loquita, otros me miran raro y me dicen lo mismo, otros se rien porque entienden mi felicidad, porque han estado ahí en ese lugar donde todo es imperfectamente perfecto en el aquí y ahora. Y bueno, de eso se trata la vida creo yo, de vivirla!!!

Me encantan mis días así!!! Y me encanta tenerlos y me doy cuenta que cuanto más dejo guiarme por mi corazón, se presentan más seguido. Por algo será 😉

Que tengan un dia/noche hermoso!!! 😘

Update: Calentando motores en NT

¡Hola! Han pasado varias semanas (meses) desde el ultimo escrito que compartí. Vengo queriendo escribir mucho y dándome pocos espacios para ello, ojo ahí con el enfoque jaja. Un poco tiene que ver con el lugar en el que me encuentro trabajando y viviendo. Otro poco tiene que ver con mi actitud procrastinadora y otro pocotón con, aún, un poco de “roche” de compartir estos escritos; pero de pronto aparecen personas en el camino agradeciéndome por hacerlo porque les permitió verse reflejados en ciertas situaciones y, en fin, a ellos, gracias 😊

Van ya seis meses en Territorio Norte, Australia. ¡Cómo pasa el tiempo! Y definitivamente no me imaginé estar donde ahora estoy. Debo confesar que los primeros dos meses, sin dejar de divertirme, no fueron los más espectaculares. Fueron muchas cosas desde mi llegada. Ya les conté en el post anterior que me venía con pocos planes y lo único que tenía en mente era conseguir un trabajo pronto en la industria del hospitality y sin averiguar más me vine a Darwin, capital de Territorio Norte. Llegué muy temprano para la temporada, sin contar con lo abochornante del clima. Les contaré sobre el trabajo esta vez, pero hay harto por hablar sobre los aborígenes australianos, los bichos raros que hay por acá, el ataque de magpie del que fui víctima, la gente que fui conociendo y otras cosas muy australianas y muy propias de esta zona lejos de las playas maravillosas y el Ophera House en Sidney. Ya me daré tiempo para contarles mis pensares y sentires con todo lo anterior.

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Polillas verdes!

En lo que a trabajo y economía respecta, usé todas mis herramientas de viajera beginner (me considero con poca experiencia en viajes si me comparo con los genios que sigo en mis redes y quienes son mi inspiración) para sobrevivir desempleada y gastando lo mínimo por aproximadamente dos meses.  Fue así como pasé un mes viviendo en un hostel de “gratis”, ¡bah! digo gratis porque tenía mucho tiempo libre y 3hrs de limpieza al día no son nada. El caso es que me ahorré un mes de renta que, mas o menos en la zona, no baja de $700 al mes si tienes suerte y en habitación compartida. Además de comprar para pocos días y tratar de agotar mi stock antes de una siguiente visita al supermercado, súmenle el ir de compras después de las 7pm que varias cosas entran en remate porque están prontas a vencer, pero aun “vendibles” y por supuesto “comestibles” (¡el otro día compré queso de $11 a $2! No mamá, tranquila que no estaba vencido ni tenía hongos). Hay varias otras técnicas, como comprar cebollas y llegar a casa con paltas jajaja algunos denominarían esta acción como “error de pesado” otros simplemente pagan lo que es. Al fin y al cabo, cada quien tiene sus prioridades y esta bien. “¡Libertad ante todo!”, diría mi amiga Feñita.

Clásica jugada pasearme por la ciudad repartiendo mi CV en cada local que veía abierto (restaurantes, bares, cafés, tiendas de venta, oficinas de turismo, etc., etc., etc.) y conversando con la gente para hacerme conocer. Además de postear mi aviso en gumtree (plataforma para buscar trabajo) y subir mi cv en páginas de reclutamiento online. Menos de dos semanas tardé en conseguir mi primer trabajo en un bar, fui a mi turno de entrenamiento y luego la dueña me pidió mil disculpas diciendo que no vaya a los turnos siguientes, porque no había suficiente movimiento. Ese fue el trabajo más corto que tuve, ¡1hr de trabajo! El anterior había sido cosechando arándanos en Hastings, Nueva Zelanda, pero ahí me salí por voluntad propia y duré 4hrs además jajaja. No voy a negar que me bajoneó, me había esperanzado con por fin generar ingresos, pero era verdad que no había mucho movimiento. Tuve un par de trials más, conseguí un siguiente trabajo en un restaurante, firmé contrato, me dieron el uniforme y ¡zas! nunca empecé. De hecho, estuve casi dos semanas esperando que me confirmaran turno, porque mi amiga Patita (¡ya hablaré de ella en otro post, porque mereces un post completo Patita, no solo una mención! Jaja <3) que estaba trabajando ahí me chismeaba que ya me había visto en el horario de la semana, pero por algún motivo lo cambiaban y nunca me llamaban. Me la pasé esos días esperando en casa, literal, y rechazando otras ofertas hasta que me cansé y fui a hablar con la nueva manager que amablemente me dijo que no me necesitaban porque tenían el staff completo. Obviamente yo indignadísima, rechazando ofertas laborales (tampoco es que llovieran, pero sentí que me tenía que dar mi lugar). Pasaba que el manager que me contrató justo se fue y parece que la comunicación no se les da bien a los australianos (he pasado por un par de experiencias que lo sustentan, pero no quiero generalizar, ojo) y especialmente en Darwin todo está listo para “la próxima semana” (de esto sí me advirtieron varios locales), en fin, pensándolo bien éste fue el trabajo más corto de la historia, me parece. ¡Cero horas de trabajo con contrato firmado! Jajaja.

Mas o menos así se fueron dando las jugadas laborales entre entrevistas y entrenamientos esperanzadores, claros y rotundos “ven en dos semanas que empieza la temporada” durante más de dos meses (sigo preguntándome cuando fue que empezó). Un trabajo en una cadena de hotel muy conocida en la que duré una semana porque realmente era una nueva forma de esclavitud y renuncié, admiro a las mujeres que lo hacen yo simplemente opté por preferir estar en casa evitando el dolor físico que implicaba. Pasé por vender en el puesto de comida siria de Nadeem, un buen amigo que pronto abrirá su propio restaurante (Flavours of Damascus) en Darwin (sin querer hacer propaganda, ¡que delicia su comida!). También limpié una casa y, el trabajo que le puso la cereza a mi pastel, de obrera. ¡Lo amé! Supongo que mis amigas soñaban con ser bailarinas de ballet o gimnastas, pues yo soñaba con ser nada más y nada menos que ¡obrera! Jajajajaja esto no se lo he compartido a muchas personas, pero recuerdo de chica ver cómo se sacaban la mugre trabajando los obreros en las construcciones, mezclando cemento, cargando ladrillos y yo pensaba “Wok eso sí que es trabajar”. Seguro que también sumaba el ver a mi papá llegar a veces con la ropa llena de grasa o mojado de pies a cabeza porque una tubería se rompió o se metió al caldero a hacer no se qué. Mi papá es Ingeniero Mecánico, ama lo que hace y ciertamente se mete a la cancha. Yo disfrutaba secretamente de verlo llegar así “trabajado”, a mi mamá no le parecía tan divertido.

Cara de sueño en la jornada laboral. ¡Muy obrera! Jajajajaja Fue un trabajo de sólo 5hrs pero como lo disfruté!

Me estoy yendo por las ramas, ¡tengo tanto que contar! Este es el resumen de los primeros dos meses y medios en busca de trabajo. Una parte muy chiquita, porque faltaría sumar a los buenos amigos que conocí y sus historias, una más interesante que la otra, las fiestas y el trabajo en el que estoy actualmente donde he conocido más historias. Me encanta eso de viajar, poder conocer historias en vivo y en directo.

Darwin me retó, me costó conseguir trabajo, pero no hay duda que todo pasa por algo y definitivamente la ciudad no era para mí. Di mi 100% para encontrar un trabajo ahí y no se dio, la vida me tenía preparado estar a hora y media en auto del lugar más cercano con señal telefónica, en el medio de la nada. Pronto les contaré más detalles. Reflexión del dia:

“Hagas lo que hagas da siempre tu 100%”

Los dejo que me espera mi cama a unos 50mts sortenado wallabies y bufalos. ¡Es un lujo vivir en la naturaleza! Sin internet y a la luz de la luna (cuando hay) ❤ Y las estrellas que se ven de camino… uff…!!! Linda vida para todos!!! 🙂

Ps: Perdon por la calidad de las imagenes, prometo comprar celu nuevo pronto.

Un nuevo salto

El pasaje lo tenía para mes y medio después… no se si el tiempo voló o si me encargué de que así fuera llenándome de actividades y reuniones con amigos. Conforme se acercaban los días venia relajándome más, segura de que lo que venía estaría bueno aunque no lo estuviera planificando y eso, por ratos, me asustaba.

Suelo ser muy organizada y planificada, para sentir que tengo todo bajo control, y eso es sólo una ilusión porque de un momento a otro, todo simplemente puede ponerse de cabeza o estancarse y lo que armaste no encaja más y hay que cambiar de plan. Nueva Zelanda me enseñó un poco eso, el dejarme llevar con lo que venía, no estresarme cuando de un viaje se trata. Claro que tener información básica y como de “back up” siempre está bueno. Por ejemplo, sabia a qué ciudad llegaba y sabia de un par de hoteles (hoteles para mochileros) en el centro, como es temporada baja hay espacio suficiente así que ni siquiera me preocupé por reservar una cama. Además, llegaba a la 1pm y tendría tiempo suficiente para instalarme o caminar por la ciudad buscando donde quedarme, cargando más de 40kg encima jajaja. ¡Qué son 40kg en la espalda, por favor! Caí en cuenta de esto último llegando. Se hizo evidente mi falta de experticia en “viajar ligero”. Ya se viene el post “Cómo NO viajar ligero”.

El comunicarme era algo que ahora, a diferencia de Nueva Zelanda, ya no me preocupaba tanto. Eran 10 meses que no hablaba inglés fluido y, como todo, la falta de práctica hace que uno olvide. Estando en Perú intentaba comunicarme con amigos que hablaran inglés para mantener mi cerebro medio fresco y de cuando en cuando también lanzarme con audios. El que se presta siempre para esto es el Fede, argentino que no conozco personalmente, pero somos (lo que en Perú llamamos) patas, al menos así lo considero yo jaja. Fede, ¿somos patas? Jajaja. Sabía que, como había pasado en NZ, la lengua se me soltaría “por necesidad” una vez que estuviera en la ruta así que había que esperar a llegar.

Respecto a lazos familiares, me permití estar presente en lo que se diera. Si había reuniones familiares estaba siempre que no hubiera planificado algo más con anterioridad. A veces me jugaba mala pasada, especialmente fines de semana, que papá y mamá estaban más libres y yo había organizado todo mi día fuera de casa. Por momentos se me venia una especie de culpa, sobre todo ya sabiendo la fecha y dándome cuenta de los pocos espacios que dejé para estar en casa. Me calmaba pensando “es lo que es y deseo hacer tal o cual cosa en este momento y está bien”.

Empezaron a aparecer números mágicos, lo que yo llamo señales. 11:11’s por todos lados, casi todos los días. Y los ángeles también empezaron a aparecer. Otra cosa que aprendí en NZ es comunicar, contarle a todo con el que conversara sobre el viaje que se venía. Es alucinante como de la nada aparece siempre un fulano o fulana (o varios fulanos), amigo del amigo que oh sorpresa vive en el país al que vas o cosas así. También pasa que algún otro fulano que conociste casualmente meses atrás, resulta coincidir en la ciudad a la que vas y termina consiguiéndote alojamiento y poniéndote en contacto con gente local y ¡hasta trabajo te consigue! Pasa en las películas, pasa en la vida real. ¡Pasa! Y aquí es cuando ese “relajarme” cobra sentido. Porque inicialmente no tenía ni idea que tendría las cosas bastante resueltas para mi llegada, sólo estaba confiando en que todo estaría bien.

Estar presente y confiar es lo que rescato de este mes y medio. Me siento bendecida, sí. No sé si a todos les pasa, pero me funciona confiar y vivir en el presente (lo más que puedo, porque no es fácil para mi). Disfrutar lo que viene día a día, organizarme claro que sí, me refiero al no angustiarme por querer tener todo “listo” o resuelto. Planificar, pero no tanto, dejar un poco que las cosas sucedan y un poco hacer que sucedan. Encontrar un equilibrio entre dejarme sorprender mientras sigo con la agenda del día.

Update: Estoy ya en Australia hace un par de meses. ¡Feliz!

Durante la pasada del Ciclón Marcus. Pasando el día en la calle (literal). Sin electricidad, por lo tanto, sin aire acondicionado con más de 32°C, sin poder cocinar porque son cocinas eléctricas, sin luz para ver películas, locales cerrados. Nada.

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Improvisando el camión de mudanza obligada, llámese “evacuación”. Si me siguen en Instagram (@cristina_ue) pudieron ver el Live de esta mudanza, de background risas escandalosas por supuesto. Una española manejando la bici y yo encima casi como parte del equipaje haciendo equilibrio entre los bolsos y filmando. Luna querida, no somos normales y me encanta. ¡Gracias por haberte cruzado en mi camino!

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Lluvia en un dia de piscina con Luna, si se la cruzan pídanle una copia de su libro “En busca de la felicidad”. Está en catalán, creo que si sumamos fuerzas lograremos que lo traduzca a castellano ja! Te adoro hermosa!

La espera

Por ahora me encuentro en un bosque en medio de la nada trabajando, espero pronto ponerme al dia de lo que voy viviendo y seguir compartiendo con más publicaciones.

¡Feliz vida para todos!

Regresando a mi

“En cualquier momento me va a tomar por sorpresa (aunque ni tanto) el entrar a un buscador de vuelos, agarrar el más barato por fecha y zona y dar click en el botoncito tentador y aterrador a la vez que dice “comprar” y ya está.”

Bruja soy! Pasaje comprado. Nah no soy bruja, sólo era lo que realmente quise todo este tiempo y me resistí a aceptar. Sólo era cuestión de tiempo y procesar (no mucho tampoco) la decisión. Y así fue.

Venía varias semanas armando mi CV porque había “decidido” quedarme unos meses en Lima para aplicar lo aprendido en un curso que llevé hace poco y “agarrar experiencia en la cancha”. Repito: S E M A N A S. ¿Tan complicado era armar un CV? Obvio no. Así que un buen día (buenísimo en verdad porque fue el fin de la pensadera) se enfrentaban una vez más el borrador de CV y mis intenciones por terminarlo para empezar a rotarlo y buscar chamba. Miraba la pantalla y me llenaba de flojera, me costaba, no quería. Y por impulso propio me dije NO y cerré la laptop. No quiero hacerlo. No actualizar mi cv implicaba no tener uno para postular a un trabajo y por ende no estar, no quedarme en Lima. Porque eran dos opciones, uno: quedarme en Lima y buscar trabajo para ganar experiencia, dos: irme y… puntos suspensivos.

Esa misma tarde me junté a almorzar con un amigo, creo que terminó más siendo un acompañamiento terapéutico para decantar tremenda decisión que había tomado. No me quedaba. Me iba y pronto. El día pasó lento, después de estar con este amigo me fui a caminar por el malecón haciendo pausas de rato en rato para ver alrededor, la gente, los niños que jugaban, la inmensidad del mar, el sol que bajaba lento. Fue casi automático, el solo hecho de aceptar que no quería quedarme me cambió totalmente la energía. Habían sido días aletargados, pesados, sin querer hacer mucho y con ganas de hacer también pero algo no me dejaba, raro. Influía en la convivencia en casa que, valgan verdades nunca ha sido mala, era yo la que no toleraba, la que andaba impaciente, “mírameynometoques”, irritada. Una paz llegó tras esta decisión, se acomodaron cosas, se apaciguaron las aguas, mis relaciones en casa mejoraron, me corté el cabello y como un ritual solté y dejé ir muchas cosas con él. Con menos peso, más ligera, así me sentí los días posteriores.

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No sé si les pasa, pero en varias situaciones siento que soy más comprometida con el resto que conmigo. Cosas del Orinoco, que no sabes y yo tampoco pero seguro un psicólogo si jaja, o no? Qué se yo! El caso es que me “comprometí” con un amigo, haciéndole saber que antes de fin de año compraría pasaje y tendría fecha de salida. Para variar, esperé al último momento para sentir esa adrenalina de “se acaba el tiempo!” y compré mi pasaje como parte de las kábalas de año nuevo! Me emocionaba la idea y desde la tablet, tras haber revisado opciones de vuelos, horas previas, le di click con mi mejor amigo al frente como esperando que revienten los juegos artificiales mientras compraba mi pasaje! Era una sensación entre miedo “que va a pasar!?” y adrenalina “debo hacerlo ya!”, una mezcla muy extraña y rica. Tenia a mi incondicional al frente repitiendo “es lo que quieres, compra nomas!”.

Así, en ambiente de celebración, estaba dando el paso definitivo a lo que vendría. Me pongo a pensar cuántas veces, sin darnos cuenta, nos obligamos a hacer algo que no queremos. Porque es “lo que toca”, porque es lo socialmente “aceptable”, porque esa decisión hará felices al resto y así ya se dejan de joder y presionarnos. Y cuántas otras veces sí nos damos cuenta pero no nos escuchamos. Creo que tarde o temprano la vida nos pone en situaciones para seguir aprendiendo y esta vez, nuevamente fue el escucharme.

Es bueno contar con amigos así en mi vida, que me escuchan sin importar cuanta lógica o sentido tiene lo que digo, amigos que me recuerdan lo que realmente quiero porque me conocen, porque saben qué hace que mi alma baile libre, brille y sonría. Porque rodearme de personas así me mantiene cerca a mi. Gracias porque incluso a veces “solo” acompañándome en silencio regreso a mi ❤

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Dejando Lima, no exagero que me despedí saltando y sonriendo de oreja a oreja.

Cuando pienso

Todo el rato hay que tomar decisiones, cosas del día a día como qué voy a desayunar y algunas un poco más trascendentales tal vez como elegir una fecha para comenzar una siguiente aventura del otro lado del charco, con más de un día lleno de vuelos, subidas y bajadas de aviones, cansancio acumulado para llegar y entrar a otro loop de actividades previas para comenzar vida nueva en país nuevo. Mientras escribo escucho mis palabras en mi cabeza y suena divertido, retador, interesante, ya he pasado por eso y la verdad es que al final nunca nada sale tan mal como nuestra cabeza suele plantearse.

Dudas, miedos, riesgos, muchos “¿y si…?” presentes, rondando. Me ha tocado (y he elegido) estar cómoda en casa de mis padres, sin gastos fijos más que mis salidas y gustos para los que genero dinero a veces suficiente. Sé que lo que necesito es sacarme de ahí, de mi zona cómoda. De una, sin anestesia previa.

La primera vez que salí de casa fue con destino a Nueva Zelanda, más o menos lo mismo que ahora que mi destino es Australia. La diferencia: sentirme presionada (y asumir esa presión) de ya de una vez tomar mi vida. La vez anterior era como un “veamos que pasa”, además que Nanchuwi iba tres semanas antes y prácticamente me alistó todo el terreno (te quiero Nanchuwi <3) así que no había ‘campo minado’, sólo seguir huellas. Ahora la cosa es diferente, no hay Nanchuwi. Jajaja y eso lo hace más interesante y entretenido aún! Porque estoy en total desconcierto! Y cómo genera miedo todo eso, qué loco.

Ya sé qué es lo que tengo que hacer. A mi lo que NO me sirve es pensar, analizar, estudiar la situación, ver opciones (esto último es lo peor para mi, recuerden jamás darme más de tres opciones! Jajaja). Todo lo anterior hace que sólo siga postergando lo que ya sé que quiero hacer y pateo por tener la “mejor” opción, lo cual es una ilusión porque siempre lo que nos toca vivir es lo que justo necesitamos vivir para aprender lo que tocaba o conocer personas o etc. Pero soy convencida de que todo es perfecto como es, que lo que pasa es porque así tenia que ser aunque en el momento (e incluso mucho tiempo después) no lo entendamos.

En cualquier momento me va a tomar por sorpresa (aunque ni tanto) el entrar a un buscador de vuelos, agarrar el más barato por fecha y zona y dar click en el botoncito tentador y aterrador a la vez que dice “comprar” y ya está.

A veces se trata de eso, de sólo dar un primer paso y la rueda empieza a avanzar. El empujoncito, le dicen.

Pd1: Deberíamos tener un botón para apagar el ‘over thinking’. Es útil para alguien? O sea, a alguien le ha servido antes en la vida? Jajaja!

Pd2: Obvio Cris, obvio que sirve. Para no tomar decisiones, para seguir haciéndola larga. Para hacernos creer que está todo ‘bajo control’. Ése es el juego.

Pd3: Cha cha cha chan!!!!!

Sanando

Tomando una ruta alterna saliendo de Tarma, Junin. Esta vez decidimos ponerle un poco de aventura al retorno y entramos al pueblito llamado Huacapo… Un camino hermoso, cruzando tres comunidades, el cielo hermoso de la sierra Peruana, el aire frío y puro… Se me congelaron las manos tomando fotos, grabando y sintiendo el viento helado en mi cara pero la sensación fue increíble. Sumado a la imprudencia (diría mi viejo) de sacar medio cuerpo por la ventana para sentirme ahí siendo una sola con el campo, el cielo y el aire. 😍


Volví hace 8 meses a mi Perucito tras 15 meses de mucho aprendizaje en Nueva Zelanda. Decidí volver para estar en casa con la familia y para formarme como Coach profesional. Fueron 8 meses duros, con altibajos emocionales, preguntándome si estaba bien haber regresado, por qué mejor no me había quedado en NZ y tomar el curso online, dudando si iba a poder lograr lo que quiero que es hacer coaching, ayudar personas y seguir viajando… Fue duro.

Mi cuerpo no sentía estar acá. Había venido por el coaching y estaba en proceso, cuando habían clases estaba todo bien, me motivaba, era feliz. Luego teníamos que hacer trabajos personales y se suspendían la clases, los encuentros; de nuevo bajón, de nuevo las dudas y los miedos.

Respecto a mi familia, estaba en casa compartiendo, acompañando a papá y mamá… Y también se complicaba la convivencia, en 15 meses viviendo fuera de casa de mis padres adopté nuevas costumbres que hice mías y otras que me permití empezar a hacer, porque cuando estás en casa de tus padres siempre están sus “formas” y a veces no son tuyas… A veces sólo las hacemos porque así aprendimos, porque así “es” y luego descubres que hay más formas de hacer, de ser.

Esa complicación de convivencia me hacía sentir y dudar de que uno de los motivos para volver era estar en familia. Todo me alteraba. No podía ser yo en casa. Sentía que no encajaba, que no podia hacerme entender, que mis planes (no del todo definidos) no eran entendidos y a veces hasta yo dudaba.

Este tiempo en Tarma, muy cortito por cierto, fué sanador. Entendí que era eso por lo que había venido. Compartir la misa de un año de fallecida de mi abuela, cuando no pude estar para acompañarlos en su pérdida. Visitarla en el mausoleo donde curiosamente había sido mi despedida con ella tras una reunión familiar meses atrás. Salir de caminata entre tíos y primos. Mi cuerpo lo sintió. Era ese amor, esos momentos, esas risas, bromas… Ese compartir, el que mi cuerpo había estado buscando todo este tiempo.

Supongo que la partida de mi abuela hace que cada vez nos reunamos menos, de esas reuniones así. De ese tipo. Todo cambia. Tal vez buscaba algo que ya se debe estar cerrando, como un ciclo.

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Fue un día y medio en Tarma. Compartiendo con la familia y descubriendo que ellos también tienen el chip viajero, que mi tío mochileó hasta Argentina, viendo fotos de mi abuela recordándola y verla en muchas partes del mundo, disfrutando, riendo… Esto de viajera está en mi sangre,es parte de mi. Alguna vez pensé que era muy diferente a mi familia, ya no lo siento así. Me reconcilié conmigo misma, con mi familia, con mi ser.
Siento que se van cerrando cosas, van sanando… Termino en unos días mi formación de Coaching Ontológico, sanando también. Confiando más en mi sintiéndome más segura de quien soy y de lo que puedo ofrecer, desde donde puedo servir a otros con mis dones.

Me siento muy agradecida con la vida, con mi vida, con mi familia, con amigos, con todos los que han sido parte de mi viaje hasta ahora. Se cierra una parte de mi historia para empezar a escribir una nueva. ¡Feliz viaje! ❤

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Mi ‘moverme’

Vengo varios meses en una especie de “lucha” por cerrar mis cosas, cumplir con mis pendientes. Más de uno debe estar pasando por lo mismo, o les ha pasado antes. Bueno, al final los he venido haciendo, avanzando con mis cosas pero muuuuuuuuuuuy lento, MUY. Entre bajones emocionales (porque putamadre, ¿¡por-qué-no-hago-si-sé-que-tengo-que-hacerlo!? ¡Y además quiero!) e inyecciones de altas dosis de energía que empecé a “auto medicarme” contactándome con amigos que me reflejan lo que quiero ser, hacer o tener; empecé a moverme.

Me doy cuenta que cuando empiezo a moverme, como había “acumulado” energía en el tiempo en que postergué, de pronto me voy con todo y quiero todo todo todo todo todo todo!!!! Y como dejé tantas cosas para después, me apuro y casi casi que me voy trastabillando, pero bah al fin hacia adelante, avanzando! Que era lo que buscaba.

Como consecuencia (o tal vez es lo mismo en otras palabras, no sé) de ese postergar y cuando tengo una fecha tope como por ejemplo un examen, me estreso. Me pasó hace una semana. Me estreso a tal punto de saber que estoy contra el tiempo y que si  no hago ya mismo, fue. Tenía que dar un examen y hacía dos semanas que sabía la fecha, temas (que tenía que repasar) y el resultado que quería obtener. Encontré material, lo revisé un par de veces pero con muy poco interés, la verdad. Pensaba “ya luego”. Al final terminé dos días antes del examen amaneciéndome y practicando como loca. Igual no demasiado porque sabía que me iría bien; aunque confieso que en algún punto dudé de poder alcanzar la nota que deseaba, pero eso lo fui soltando porque en realidad me pedían un puntaje mucho más bajo como requisito a unos trámites que estoy haciendo y además esa es otra historia.

No me gusta para nada sentir ese estrés, porque me incomoda, me duele, me contracturo, me pongo ansiosa, me tenso. Pero es curioso porque el resultado que obtengo siempre ha sido positivo, o sea después del dolor y el estrés, siempre consigo lo que quiero. Me pregunto qué parte de mi me empuja a llegar hasta ese punto. Eso de ir postergando y postergando para saber que me voy a estresar para cerrar ese pendiente. Y escribiendo esto solté una risita porque creo que mi cabeza inconscientemente “sabe lo que viene”, viene eso, ese estrés y contractura y luego de eso viene el resultado que quise. Esa actitud de pensar que sé que todo va a ir bien igual. ¿Qué “beneficio aparente” hay con ese comportamiento mío? (Porque los seres humanos hacemos todo por beneficio, aunque a veces no parezca) Porque mientras postergo, no me relajo, todo lo contrario, me veo postergando sabiendo que cuando esté cerca a la fecha de vencimiento le voy a tener que meter quinta para llegar al resultado que quiero. Tal vez la comodidad de no hacer nada y distraerme, tal vez también un poco la sensación de control… saber que aun tarde, estresada y todo, tengo el control hasta el último segundo. O bueno, tenía el control hasta un segundo antes del último.

Sea como sea, veo que obtengo el resultado deseado, solo que como a mis actividades no les pongo fecha no tengo esa presión de “tener que cumplir”. Que hago entonces, ¿¡les pongo fecha!? Fecha de entregable, porque lo que hago es enlistar todas mis actividades en un día e ir tachando, pero no tengo una fecha de entrega en sí. Claro, que me la voy a entregar a mí misma, pero es una táctica nomas, para ponerme presión y avanzar porque aparentemente esa es mi forma de moverme. Interesante.

¿Te pasa algo similar? ¿Qué pasa cuando postergas, lo dejas para el último o simplemente tal vez, lo das por hecho y decides no hacer ya ciertas cosas? ¿En qué áreas de tu vida te sucede? ¿Personal, familiar, de pareja, laboral? Te dejo estas preguntas que quizás te ayuden a mirarte desde otro ángulo. Una última, ¿que otras formas de moverme podría tomar sin necesidad de pasar por ese dolor y tensión que queda claro ya no quiero? Esta última es edición especial para mi.